Purizaga-Haro, R.; revista Sciéndo Ingenium, v. 22, n. 1, pp. 64 – 76, 2026.
que la descargar de aguas residuales (tratadas o no) constituye uno de los principales factores de degradación
de la calidad del agua, alterando significativamente las comunidades biológicas y los procesos ecológicos en
ríos y cuerpos de agua (Albini & Jackson, 2023).
El agua superficial destinada a la potabilización para consumo humano constituye una de las categorías más
restrictivas dentro de la normativa ambiental peruana, regulada mediante el D.S. N.º 004-2017-MINAM, que
establece los Estándares de Calidad Ambiental – agua (MINAM, 2017). Sin embargo, a lo largo del trayecto
del río Santa, el crecimiento urbano e industrial, formal e informal, junto con el aumento poblacional, ha oca-
sionado reiterados incumplimientos en los parámetros de calidad de las aguas superficiales. Se han reportado
valores elevados de pH, coliformes fecales y termotolerantes, así como la presencia de metales pesados
(plomo, hierro, manganeso, aluminio y cadmio), lo que representa un problema ambiental de gran magnitud,
que demanda un enfoque integral y coordinado (ANA, 2020).
Las aguas del río Santa son captadas por el Proyecto Especial Chavimochic (PECH) en su bocatoma y trata-
das en su Planta de Potabilización (PTAP) que cuenta con una capacidad de producción de 1,500 litros por
segundo de agua potable. Posteriormente, el agua potabilizada, es distribuida por SEDALIB S.A., empresa
que abastece aproximadamente a 600 000 habitantes (60%) de la población de la provincia de Trujillo, mien-
tras el 40% restante se suministra mediante pozos subterráneos (SEDALIB, 2018). No obstante, durante los
últimos años se ha observado un aumento en la turbidez y la concentración de metales pesados que superan
los límites máximos permitidos, elevando los costos de potabilización y generando incertidumbre respecto a
la eficacia de los procesos de tratamiento y por ende a la calidad del agua tratada. Cuando las fuentes de ori-
gen contienen contaminantes químicos o microbiológicos, el agua tratada puede no alcanzar la calidad sanita-
ria exigida, representando riesgos para la salud de los consumidores, tales como trastornos digestivos, intoxi-
caciones (a corto plazo) o enfermedades crónicas tipo renal, neurológico y cardiovascular (a largo plazo)
(Quezada, 2018).
De acuerdo con el Ministerio de Salud (2010), el acceso al agua potable constituye un derecho humano fun-
damental, por lo que garantizar su calidad requiere la aplicación de tecnologías de tratamiento adecuadas y
sostenibles. Diversas alternativas han sido propuestas, entre ellas fitorremediación (uso de plantas in situ),
biorremediación (microorganismos que degradan contaminantes), remoción física/química (coagulación, fil-
tración, adsorción en carbón activado, cloración, ozonización y radiación UV) y tecnologías avanzadas como
la ósmosis inversa o el intercambio iónico. La eficacia de estas soluciones depende de una correcta caracteri-
zación del agua, que permita seleccionar el método más viable y establecer estrategias de monitoreo constan-
te para cumplir con las normativas sanitarias vigentes (Pérez et al., 2020).
En investigaciones previas, Alva y Ángeles (2018), identificaron concentraciones elevadas de fosfato (iones)
en el agua potabilizada de diversas zonas de la provincia de Trujillo, probablemente debido a la contamina-
ción con nutrientes agrícolas (fosfatos); mientras que el Proyecto Especial Chavimochic (2020) reportó nive-
les de nitritos, hierro y manganeso superiores a los límites del ECA para agua (categoría 1-A2) en el ingreso
hacia la PTAP, destacando la necesidad de monitoreo continuo e identificación de fuentes de contaminación
para ejecutar acciones. Asimismo, Quezada (2018), identificó en Florencia de Mora valores de sólidos totales
y dureza por encima de los límites del D.S. N° 031-2010-SA, concluyendo que dicha agua no reunía las con-
diciones necesarias para el consumo humano. En Lima, Rodríguez (2021) evidenció concentraciones críticas
de coliformes fecales y nitratos en ciertas áreas del río Rímac, representando un riesgo para la salud si no es
tratada eficientemente en su planta de tratamiento; mientras que a nivel internacional, Johnson (2019) docu-
mentó fluctuaciones en la calidad del agua potabilizada (aumentos ocasionales en la turbidez y bacterias coli-
formes) de Ciudad del Cabo (Sudáfrica) durante un periodo de sequía, pese a cumplir en general con los es-
tándares nacionales. Finalmente, Chávez y Ruffner (2024) demostraron la efectividad de un sistema de remo-
ción de arsénico utilizando carbón activado y hierro en la provincia de Pisco, constituyendo una alternativa
viable para comunidades rurales con limitaciones en infraestructura de tratamiento; y Ramírez et al. (2019)
evidenciaron reducciones significativas de Fe, Mn y sólidos suspendidos en aguas del río Mantaro mediante
tratamientos convencionales combinados (coagulación-floculación y filtración lenta).
Frente a este contexto, se plantea la necesidad de caracterizar el agua superficial captada por la PTAP Cha-
vimochic y el agua potabilizada distribuida a la provincia de Trujillo, con el objetivo de evaluar su adecua-
ción a la normativa nacional vigente (D.S. Nº 004-2017-MINAM y D.S. Nº 031-2010-SA) que son el marco
preventivo y regulatorio para los diferentes cuerpos de agua. El estudio tuvo como objetivo evaluar la calidad
físico-química, inorgánica y microbiológica del agua superficial captada por la PTAP Chavimochic y del
agua potabilizada distribuida en la provincia de Trujillo, mediante un enfoque aplicado, con diseño no expe-
rimental y de corte transversal, considerando muestreos en distintos puntos del sistema durante las épocas de
estiaje y avenida, y comparando los resultados con los límites establecidos en la normativa nacional vigente.
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